Cuándo no se deben tomar probióticos

Leila WehrhahnActualizado:

En resumen:

El artículo explica que los probióticos pueden ser útiles para la salud intestinal, pero no son adecuados para todas las personas ni sustituyen un tratamiento médico. Están desaconsejados o requieren estrecha supervisión en enfermos graves, inmunodeprimidos, prematuros extremos y pacientes con dispositivos invasivos o enfermedades digestivas complicadas. Un uso incorrecto (dosis excesivas, cepas inadecuadas o automedicación) puede causar molestias digestivas y riesgos innecesarios. Para personas sanas, se recomienda elegir productos avalados por evidencia, respetar dosis, conservarlos correctamente y acompañarlos de una dieta equilibrada y un estilo de vida saludable.

Los probióticos han ganado popularidad en los últimos años debido a sus múltiples beneficios para la salud, especialmente en relación a la digestión y la salud intestinal. Son microorganismos vivos que, consumidos en suficiente cantidad, pueden brindar numerosos beneficios para la salud. Pero, ¿cuándo no se deben tomar probióticos? En esta entrada examinamos en qué casos pueden no ser recomendables y qué precauciones conviene tener en cuenta.

En términos generales, los probióticos se consideran seguros para la mayoría de las personas sanas, pero como cualquier suplemento, no están exentos de riesgos potenciales. Su uso inadecuado, la elección equivocada de la cepa o tomarlos en situaciones médicas concretas puede generar efectos adversos o, simplemente, no aportar beneficios.

También es importante recordar que, aunque se vendan sin receta, los probióticos no sustituyen a un tratamiento médico ni a una dieta equilibrada. Deben verse como un complemento dentro de un estilo de vida saludable, y no como una solución única para problemas digestivos o inmunitarios.

Por ello, antes de empezar a tomar probióticos de forma regular, es recomendable valorar la propia situación de salud, los medicamentos que se están tomando y las recomendaciones de un profesional sanitario. En personas con enfermedades crónicas o bajo tratamientos complejos, este paso previo es especialmente relevante.

En las siguientes secciones veremos en detalle cuándo no se deben tomar probióticos, qué errores son frecuentes al consumirlos y qué precauciones básicas conviene seguir para usarlos de forma más segura.

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¿Cuándo no se deben de tomar probióticos?

Las personas gravemente enfermas y aquellas con un sistema inmunológico débil deben evitar en general la ingestión de productos probióticos, salvo indicación expresa y supervisión médica. Esto incluye, por ejemplo, a pacientes oncológicos bajo quimioterapia, personas con inmunodeficiencias graves o trasplantados que toman medicación inmunosupresora (1).

Aunque las cepas de Lactobacillus en general son seguras y han formado parte de nuestra dieta durante siglos, algunas cepas probióticas más recientes, obtenidas a través de la aislación de muestras fecales, pueden implicar riesgos en grupos vulnerables (2). En estas personas se han descrito casos puntuales de infecciones oportunistas y bacteriemias asociadas a ciertas cepas probióticas.

Por lo tanto, se debe tener precaución al tomar este tipo de probióticos, especialmente en situaciones como:

  • Enfermedad crítica o ingreso en UCI.
  • Inmunosupresión marcada (tratamientos inmunosupresores, VIH avanzado, trasplantes).
  • Prematuridad extrema o recién nacidos de muy bajo peso (salvo protocolos específicos bajo supervisión médica).
  • Pacientes con válvulas cardíacas artificiales, catéteres intravasculares o prótesis vasculares.
  • Personas con síndrome de intestino corto, mucosa intestinal muy dañada o riesgo elevado de translocación bacteriana.

En estos casos, la indicación de probióticos debe ser siempre individualizada y revisada por el médico responsable.

📋 En resumen

Los probióticos no son adecuados para personas gravemente enfermas, inmunodeprimidas o con alto riesgo de infecciones, salvo bajo indicación y control médico.

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¿Se puede hacer algo mal con los probióticos?

La ingesta de probióticos puede tener efectos no deseados, especialmente si se consumen en cantidades excesivas o sin criterio. Tomar demasiados probióticos puede desequilibrar la flora intestinal y producir síntomas como hinchazón, gases, molestias abdominales e incluso alteraciones en el ritmo intestinal, como diarrea o estreñimiento transitorio (3).

Además, algunas personas pueden experimentar dolores de cabeza leves, sensación de malestar o cambios en el estado de ánimo, sobre todo al inicio de la suplementación, cuando la microbiota está en proceso de adaptación. Aunque suelen ser síntomas transitorios, es importante prestarles atención y reducir la dosis o suspender el producto si se intensifican.

Otro error frecuente es elegir un probiótico al azar, sin fijarse en la cepa, la concentración (UFC, unidades formadoras de colonias) o la indicación concreta. No todas las cepas sirven para lo mismo: hay probióticos más estudiados para la diarrea asociada a antibióticos, otros para el síndrome de intestino irritable, y otros para la salud vaginal o inmunitaria (4). Usar el producto equivocado puede llevar a frustración o a no notar ningún beneficio.

También se puede “hacer mal” con los probióticos si se toman como sustituto de un tratamiento médico necesario o se utilizan para tratar por cuenta propia síntomas graves (fiebre persistente, sangre en heces, dolor abdominal intenso, pérdida de peso inexplicada…). En estas situaciones es fundamental acudir al médico antes de recurrir a suplementos.

📋 En resumen

El mal uso de los probióticos (dosis inadecuadas, cepas mal elegidas o sustituir tratamientos médicos) puede causar molestias digestivas y reducir su eficacia.

¿Se pueden tomar probióticos sin preocupación?

En general, los probióticos como el Lactobacillus son seguros y bien tolerados por la mayoría de la gente para mejorar la salud intestinal cuando se usan a las dosis recomendadas (3). Los efectos secundarios graves son extremadamente raros en personas sanas.

No obstante, es importante tener cuidado al elegir el probiótico correcto y su respectiva dosis. Leer la etiqueta, comprobar que el producto esté avalado por estudios científicos y utilizarlo durante el tiempo recomendado puede marcar la diferencia entre notar o no sus beneficios. En muchos casos, se necesitan varias semanas de uso continuado para valorar su efecto real.

También conviene tener presente que los probióticos funcionan mejor como parte de una estrategia global de salud intestinal. Esto incluye mantener una dieta rica en fibra (verduras, frutas, legumbres, cereales integrales), reducir el consumo excesivo de azúcares y ultraprocesados, manejar el estrés y dormir bien. De este modo, las bacterias beneficiosas tendrán un entorno más favorable para prosperar (5).

En caso de embarazo, lactancia o enfermedades crónicas, aunque los probióticos suelen considerarse seguros, es recomendable consultar previamente con el profesional sanitario para asegurarse de que el producto escogido y la dosis son apropiados para esa situación específica.

📋 En resumen

Las personas sanas suelen tolerar bien los probióticos, siempre que se elijan cepas adecuadas, se respeten las dosis y se integren en un estilo de vida saludable.

¿Cuándo están contraindicados los probióticos?

En determinadas condiciones de salud no se recomienda la toma de probióticos o solo debe hacerse bajo estricta supervisión médica. Entre ellas se incluyen estados de enfermedad graves, inmunosupresión y personas con catéteres centrales o periféricos. Existe el riesgo de colonización sistémica o infecciones por las propias bacterias probióticas en pacientes de estas categorías, aunque sea poco frecuente (1,2).

También se debe actuar con cautela en personas con:

  • Pancreatitis aguda grave.
  • Endocarditis previa o alto riesgo de sufrirla.
  • Enfermedades intestinales inflamatorias muy activas con complicaciones (como fístulas o abscesos).
  • Cirugías digestivas recientes con complicaciones o fugas anastomóticas.

En estos casos, la valoración del riesgo-beneficio debe realizarla el médico, quien puede decidir no recomendar probióticos o limitar su uso a productos y cepas muy específicos con un perfil de seguridad bien establecido para esa condición.

📋 En resumen

Los probióticos pueden estar contraindicados en enfermedades graves, inmunosupresión y situaciones médicas complejas, donde el riesgo de infección supera el posible beneficio.

¿Qué se debe tener en cuenta al tomar probióticos?

Para obtener la máxima eficacia de los probióticos, un estudio recomienda tomarlos en ayunas, media hora antes de la primera comida del día, o con comidas ligeras, ya que esto puede favorecer que más bacterias lleguen vivas al intestino (6). Una comida que contenga un poco de grasa puede aumentar la probabilidad de supervivencia de los probióticos al protegerlos parcialmente del ácido gástrico.

Además del momento de la toma, es importante tener en cuenta otros aspectos prácticos:

  • Constancia: los probióticos suelen requerir varios días o semanas de uso continuo para que se noten sus efectos.
  • Conservación: algunos productos necesitan refrigeración para mantener la viabilidad de las bacterias; otros son estables a temperatura ambiente. Siempre hay que seguir las indicaciones del envase.
  • Caducidad: las UFC garantizadas suelen referirse a la fecha de caducidad. Usar el producto caducado puede reducir mucho su eficacia.
  • Interacción con antibióticos: si se toman junto a antibióticos, se recomienda espaciar su toma al menos 2–3 horas para minimizar la destrucción de las bacterias probióticas (4).

También es recomendable empezar con dosis bajas, especialmente en personas con digestiones sensibles, e ir aumentándolas de forma progresiva según la tolerancia. Si aparecen síntomas intensos o persistentes, lo más prudente es suspender el probiótico y consultar con un profesional de la salud.

📋 En resumen

Tomar los probióticos en el momento adecuado, conservarlos bien y usarlos con constancia ayuda a mejorar su eficacia y reducir molestias digestivas.

Conclusión

A pesar de los múltiples beneficios que los probióticos pueden brindar, es importante recordar que no son adecuados para todos ni para todas las situaciones. Las personas sanas suelen tolerarlos bien, pero quienes tienen enfermedades graves, inmunodeficiencias o dispositivos médicos invasivos deben extremar las precauciones y consultar siempre con su médico antes de utilizarlos.

Cuando se toman probióticos, siempre se debe tener en cuenta la salud individual y la condición específica de cada uno. Elegir el producto adecuado, respetar las dosis, ser constante y combinarlos con una alimentación equilibrada y un estilo de vida saludable es la mejor forma de sacarles partido. Ante cualquier duda o pregunta, siempre es recomendable consultar a un médico o nutricionista.

Fuentes

  1. Probiotic use in clinical practice: what are the risks? – Doron S, Snydman DR – Clinical Infectious Diseases – https://academic.oup.com/cid/article/60/suppl_2/S129/356839
  2. Probiotics: Safety and potential side effects – Boyle RJ, Robins-Browne RM, Tang MLK – American Journal of Clinical Nutrition – https://academic.oup.com/ajcn/article/83/6/1256/4649371
  3. Health benefits of probiotics: a review – Dowarah R, Verma AK, Agarwal N – Veterinary World – https://www.veterinaryworld.org/Vol9/September-2016/1.pdf
  4. Guidelines for the evaluation of probiotics in food – FAO/WHO – World Health Organization – https://www.who.int/publications/i/item/9241545335
  5. The intestinal microbiota, diet and health – Conlon MA, Bird AR – Nutrition, Metabolism & Cardiovascular Diseases – https://www.nmcd-journal.com/article/S0939-4753(14)00283-5/fulltext
  6. Gastro-resistant capsules and probiotic survival in the gastrointestinal tract – Cook MT, Tzortzis G, Charalampopoulos D, Khutoryanskiy VV – International Journal of Pharmaceutics – https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0378517312007126

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Descargo de responsabilidad: La información contenida en este artículo ha sido recopilada de buena fe y sólo tiene fines informativos. No sustituye al consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional. Consulte siempre a su médico o a otro profesional sanitario cualificado si tiene alguna duda sobre su estado de salud.