¿Qué probióticos pueden ayudar con la esclerosis múltiple?

Leila WehrhahnActualizado:

En resumen:

El artículo explica cómo la disbiosis intestinal puede influir en la inflamación de la esclerosis múltiple y plantea los probióticos (sobre todo Lactobacillus y Bifidobacterium) como apoyo complementario, no sustitutivo, del tratamiento médico. Recomienda favorecer una microbiota diversa mediante dieta rica en fibra, alimentos fermentados y, si procede, suplementos. Destaca el papel antiinflamatorio de los ácidos grasos omega‑3, la dieta mediterránea, antioxidantes y vitamina D, junto con ejercicio, manejo del estrés y buen sueño. Subraya la necesidad de individualizar y supervisar todas estas medidas con profesionales sanitarios.

Introducción a la disbiosis y la esclerosis múltiple

Existe un número creciente de estudios que sugieren un papel de las bacterias intestinales en la aparición y progresión de la esclerosis múltiple (EM). En este contexto, el uso de probióticos es común. Pero, ¿qué probióticos son realmente beneficiosos para la EM? ¿Qué dicen los resultados de investigación actuales sobre el uso de estas bacterias beneficiosas en pacientes con EM?

La EM es una enfermedad autoinmune crónica en la que el sistema inmunitario ataca la mielina, la capa protectora que rodea las fibras nerviosas del sistema nervioso central. Cada vez hay más indicios de que la composición de la microbiota intestinal puede influir en cómo se regula este sistema inmunitario y, por tanto, en la intensidad de la inflamación en la EM (1).

Cuando existe un desequilibrio en la flora intestinal (disbiosis), pueden aumentar los procesos inflamatorios en el organismo, lo que a su vez podría favorecer la aparición o empeoramiento de enfermedades autoinmunes como la EM (2). Por ello, resulta especialmente interesante estudiar cómo los probióticos, la alimentación y determinados nutrientes pueden modular esta microbiota.

Es importante subrayar que los probióticos y otros suplementos no sustituyen la terapia farmacológica de la EM. Más bien, se consideran un posible complemento dentro de un enfoque integral que incluye medicación, alimentación, ejercicio adaptado y manejo del estrés.

En las siguientes secciones se resumen los tipos de probióticos, bacterias intestinales y nutrientes que se estudian con más frecuencia en relación con la EM, y cómo podrían influir en la inflamación y en el bienestar general de las personas con esta enfermedad.

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📋 En resumen

La microbiota intestinal parece influir en los procesos inflamatorios de la esclerosis múltiple, y los probióticos se estudian como apoyo complementario, nunca como sustituto del tratamiento médico.

¿Qué probióticos son beneficiosos para la EM?

Los probióticos son microorganismos vivos que, cuando se consumen en cantidades suficientes, pueden tener efectos positivos en la salud. En los pacientes con EM, pueden también ser un complemento a la medicación. Los lactobacilos, que se encuentran en el kéfir, el chucrut y el pan de trigo fermentado, son ejemplos de probióticos. Los prebióticos, una forma de fibra dietética que se encuentra en los productos de grano entero, las raíces, las cebollas, las alcachofas y otras verduras, también ayudan a apoyar la flora intestinal.

Los probióticos más estudiados en el contexto de enfermedades autoinmunes suelen pertenecer a los géneros Lactobacillus y Bifidobacterium. Ciertas cepas de estos microorganismos pueden ayudar a reforzar la barrera intestinal, favorecer la producción de ácidos grasos de cadena corta y modular la respuesta inmunitaria, promoviendo un perfil más antiinflamatorio (3). No obstante, los efectos dependen de cada cepa concreta, de la dosis y de la duración de la suplementación.

En algunos ensayos clínicos con pacientes con EM, los suplementos con combinaciones de Lactobacillus y Bifidobacterium se han asociado con mejoras en marcadores inflamatorios, estrés oxidativo y calidad de vida, aunque los tamaños de muestra todavía son pequeños y se necesitan más estudios para confirmar estos hallazgos (4). Por ello, antes de iniciar un probiótico específico, se recomienda comentarlo con el neurólogo o el profesional de la salud que lleve el caso.

📋 En resumen

Ciertas cepas de Lactobacillus y Bifidobacterium pueden modular positivamente la respuesta inmunitaria en la EM, pero sus efectos dependen de la cepa, la dosis y del acompañamiento médico.

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¿Qué bacterias intestinales son beneficiosas para la EM?

El papel de la microbiota intestinal en la esclerosis múltiple es objeto de investigación actual. Los estudios han demostrado que el microbioma intestinal de las personas con EM difiere del de las personas sanas. Una bacteria que es particularmente común en pacientes con EM no tratada es Akkermansia muciniphila.

Además de Akkermansia muciniphila, se han observado alteraciones en otros grupos bacterianos, como disminuciones de ciertas especies de Bacteroides y Prevotella y cambios en diversas cepas de Lactobacillus y Bifidobacterium (5). Algunos de estos microorganismos se relacionan con la producción de metabolitos antiinflamatorios, como los ácidos grasos de cadena corta, que pueden influir positivamente en la función inmunitaria y en la integridad de la barrera intestinal.

Por ello, se considera potencialmente beneficioso favorecer un microbioma diverso y estable mediante una dieta rica en fibra, alimentos fermentados y, cuando sea apropiado, probióticos seleccionados. No existe, sin embargo, un “perfil perfecto” de microbiota para la EM, y los resultados pueden variar mucho entre personas. La investigación se centra cada vez más en identificar qué combinaciones de bacterias se asocian con una evolución más favorable de la enfermedad.

📋 En resumen

Las personas con EM suelen mostrar una microbiota distinta a la de individuos sanos, y favorecer una flora intestinal diversa y estable podría contribuir a un entorno menos inflamatorio.

¿Qué tiene efecto antiinflamatorio en la EM?

Aparte del uso de probióticos, hay ciertas sustancias que pueden tener un efecto antiinflamatorio en la esclerosis múltiple. Estas incluyen, entre otras, las grasas omega-3 como el ácido α-linolénico, el ácido eicosapentaenoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA), que se encuentran principalmente en el pescado. Por otro lado, el ácido araquidónico, una grasa omega-6 que se encuentra en la carne y la salchicha grasas, es conocida por su efecto proinflamatorio.

Los ácidos grasos omega‑3 se han investigado por su capacidad para modular citoquinas inflamatorias y para apoyar la salud cardiovascular y cerebral, aspectos especialmente relevantes en personas con enfermedades crónicas (6). Un mayor consumo de pescado azul (como salmón, caballa o sardinas) o de aceites ricos en ALA, como el de lino o chía, puede ayudar a mejorar el perfil de ácidos grasos de la dieta.

Al mismo tiempo, reducir el consumo de carnes muy grasas, embutidos y productos procesados puede contribuir a disminuir la ingesta de ácido araquidónico y otros compuestos proinflamatorios. En general, un patrón de alimentación más cercano a la dieta mediterránea, rica en frutas, verduras, legumbres, aceite de oliva, frutos secos y pescado, se asocia con un menor nivel de inflamación sistémica y un mejor estado de salud global (7).

📋 En resumen

Los ácidos grasos omega‑3 y un patrón de dieta tipo mediterránea pueden favorecer un entorno menos inflamatorio, mientras que el exceso de carnes grasas y ultraprocesados tiende a aumentar la inflamación.

¿Qué suplementos alimenticios son beneficiosos para la EM?

Para una dieta antiinflamatoria en la esclerosis múltiple, los antioxidantes como las vitaminas A, C, E y β-caroteno, así como los elementos traza cobre, selenio y zinc, son de importancia particular. Se recomienda que los pacientes con EM tengan un suministro adecuado de estos nutrientes.

Los antioxidantes ayudan a neutralizar los radicales libres y el estrés oxidativo, procesos que pueden contribuir al daño de las células nerviosas y a la inflamación crónica (8). Una alimentación variada, rica en frutas y verduras de diferentes colores, frutos secos, semillas y cereales integrales, suele cubrir gran parte de estas necesidades. En algunos casos, el médico puede recomendar suplementos específicos si se detectan carencias.

Además de estos antioxidantes clásicos, en el contexto de la EM también se ha estudiado con frecuencia la vitamina D, por su papel clave en la regulación del sistema inmunitario y de la inflamación. Un nivel adecuado de vitamina D en sangre se considera importante para las personas con EM, por lo que a menudo se recomienda monitorizarla y suplementarla si es necesario, siempre bajo supervisión médica (9). Otros complementos, como ciertas combinaciones de probióticos, ácidos grasos omega‑3 y minerales, pueden formar parte de un plan nutricional individualizado.

📋 En resumen

Un aporte suficiente de antioxidantes, minerales y vitamina D, preferentemente a través de la dieta y, si es preciso, con suplementos pautados por el médico, puede apoyar el manejo integral de la EM.

¿Qué remedios naturales son beneficiosos para la EM?

En el caso de la esclerosis múltiple, los remedios naturales como los ácidos grasos omega 3, que se encuentran en el aceite de pescado, pueden tener un efecto positivo. También se pueden tener efectos positivos los aceites vegetales como el de colza o el de lino. Un cambio en la dieta a una predominantemente vegetal puede disminuir los niveles de ácido araquidónico en el cuerpo, lo que también puede tener un efecto positivo.

Otras medidas de estilo de vida con enfoque “natural” que pueden complementar el tratamiento convencional incluyen la práctica regular de actividad física adaptada, técnicas de relajación (como mindfulness, respiración profunda o yoga suave) y un sueño de calidad. Estos factores influyen tanto en el estado inflamatorio general como en el bienestar psicológico, aspectos especialmente relevantes en una enfermedad crónica como la EM (10).

Es fundamental recordar que “natural” no siempre significa “seguro” o “adecuado” para todas las personas. Algunos productos de fitoterapia o suplementos de alta dosis pueden interactuar con los tratamientos farmacológicos o no estar indicados en determinadas situaciones. Por eso, cualquier remedio natural o cambio importante en la dieta debe consultarse siempre con el equipo médico que lleva el seguimiento de la EM.

Conclusión

El conocimiento sobre el papel de las bacterias intestinales y los probióticos en la esclerosis múltiple está en constante expansión. Hay evidencia de que una flora intestinal equilibrada y la ingesta de ciertos probióticos pueden tener un impacto positivo en el curso de la enfermedad. Sin embargo, es importante trabajar en ello de forma individual, con una dieta equilibrada y los suplementos alimenticios necesarios.

En resumen, la combinación de un patrón de alimentación antiinflamatorio, la optimización de la microbiota intestinal mediante probióticos y prebióticos, y un estilo de vida saludable puede ofrecer un apoyo complementario al tratamiento farmacológico de la EM. Dado que cada organismo y cada microbiota son diferentes, el acompañamiento por parte de profesionales de la salud (neurólogo, nutricionista, médico de cabecera) es clave para adaptar las recomendaciones a las necesidades de cada persona y garantizar su seguridad.

Fuentes

1. The Gut Microbiome and Multiple Sclerosis – Berer K., Krishnamoorthy G. – Current Opinion in Neurology – https://journals.lww.com

2. The role of gut dysbiosis in the pathogenesis of multiple sclerosis – Mirza A., Mao-Draayer Y. – Clinical Immunology – https://www.sciencedirect.com

3. Probiotics in autoimmune and inflammatory diseases – López P. et al. – Nutrition Reviews – https://academic.oup.com

4. The effects of probiotic supplementation on clinical and immunological parameters in multiple sclerosis – Kouchaki E. et al. – Journal of the Neurological Sciences – https://www.sciencedirect.com

5. Gut microbiome in multiple sclerosis and experimental autoimmune encephalomyelitis – Jangi S. et al. – Annals of Clinical and Translational Neurology – https://onlinelibrary.wiley.com

6. Omega-3 polyunsaturated fatty acids and immune regulation – Calder P.C. – European Journal of Clinical Nutrition – https://www.nature.com

7. Mediterranean diet and inflammation – Schwingshackl L., Hoffmann G. – Nutrition, Metabolism & Cardiovascular Diseases – https://www.sciencedirect.com

8. Oxidative stress and antioxidant therapy in multiple sclerosis – Ljubisavljevic S. – Journal of the Neurological Sciences – https://www.sciencedirect.com

9. Vitamin D and multiple sclerosis: A comprehensive review – Sintzel M.B. et al. – Neurological Sciences – https://link.springer.com

10. Lifestyle factors and multiple sclerosis – Simpson S. et al. – BMC Neurology – https://bmcneurol.biomedcentral.com

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Descargo de responsabilidad: La información contenida en este artículo ha sido recopilada de buena fe y sólo tiene fines informativos. No sustituye al consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional. Consulte siempre a su médico o a otro profesional sanitario cualificado si tiene alguna duda sobre su estado de salud.